2/11/2008

Ahora un Foro

Roberto León González Alexandre

Creo haberle leído a Cortazar alguna vez, algo así como que el escritor que nunca se vendió, debe procurar con igual celo que no lo vendan otros. Esto me vino a la cabeza una vez leído el artículo “¿Y ahora qué?” de Gastón Alejandro Martínez.

“Gams”, como le conocemos los amigos, es un compañero de viajes literarios al que aprecio y reconozco como poeta y cantautor y, en sus momentos más crípticos, un buen polemista. No obstante lo anterior, utilizo este espacio para desmarcarme de él por dos principales razones.

La primera es que no acepto aquello de que “todos depredamos, todos pisamos abierta o disimuladamente a los otros, incluso a los amigos cuando se trata de ganar y descollar sobre los demás.”

Quede claro que al negar esto no pretendo ponerme “como ‘los buenos’, como los justos e incorruptibles que enfrentamos a ‘los otros’,…” No, no soy tan maniqueo. Lo que sí, es que, si aceptara la frase del párrafo anterior, no podría yo terminar una idea diciendo lo contrario: “(…) y actuar con la lucidez que parecen necesitar nuestras ‘causas’. (el subrayado es mío).

La segunda razón es que me niego a aceptar que Gastón se deshaga en cumplidos, que coquetee de manera tan abierta en un escrito que el autor desea crítico: “Necesitamos de herramientas teóricas más eficaces para estudiar la naturaleza del poder, (…) que nos hemos negado por ideología, por falta generalizada de luces o de plano por pereza mental.”

Todo para que al final de un largo, largo párrafo de elogios y alabanzas, termine diciendo que: “En la calle abunda también la fantochería, la simulación y el deseo de dominar, no es garantía andar en fachas con un pequeño grupo de adolescentes vestidos de negro.” ¡He aquí, sin pudor alguno, expresada por contraste, la ideología que se dice crítica, en la que va montada el escrito al que me refiero!

Vamos, cuando alguien habla así, ya está instalado en la superchería de una clase social o cultural determinada, por muy ilustrada o muy miserable que ésta sea; ya somos entonces el ‘parabién’ que juzga a los demás desde su podium! ¡Cuán fácil es entonces denostar a los otros desde nuestro púlpito! Estigmatizar la ropa, el pelo, las costumbres, el color, la altura, la preferencia sexual, el ideario político, etc.

Por ello, encuentro sin sentido desmontar aquí el amarre de navajas que el autor quiso hacer entre dos personas que si bien no piensan igual con respecto a ciertos temas o asuntos, no por eso deben, en consecuencia, ser enemigos. Alguna vez firmé un desplegado junto a esta persona con la que hoy quieren ponerme las navajas; lo hice incluso sin conocerla y a petición de ella precisamente. Firmé por la causa no por la persona.

Otro deslinde que debo hacer, es cuando Gastón, ya de plano, afirma refiriéndose a un servidor: “Sus certeros señalamientos denotan, sin embargo, cierta animadversión. Se cuela por ahí un tufillo a ‘rencor de clase’ que acaso valdría la pena reconocer. Sería un buen comienzo para derrotar el resentimiento que a tantas mentes brillantes suele oscurecer.”

Una idea expresada así, no tiene desperdicio. Vamos por partes: ¿Significa acaso que la sola animadversión que me atribuye el articulista, hace certeros mis señalamientos? ¿O que pese a la cierta animadversión mis señalamientos siguen siendo certeros? ¿Y si son certeros, qué diablos hace la animadversión aquí?

Por otro lado ¿Suelen tantas mentes brillantes oscurecer sólo por el resentimiento? ¿Puede el rencor de clase oscurecer a una mente brillante?

Las mentes brillantes no pueden andar por ahí como foquitos de navidad, tengan, o no, rencores de clase y resentimientos ¡O son, o nunca lo han sido!

No importa ahora quién haya sido el “constante surtidor de información”. Ni siquiera vale ahora quien le haya o le siga dedicando “siempre una mirada inteligente, lúcida y a contracorriente del discurso del poder.” Dado que el discurso del poder se encuentra fraccionado, fracturado; dividido con respecto al uso y al abuso de los terrenos de la laguna.

¿Y ahora qué? Se preguntó el articulista de la semana pasada. Quisiera contestar: ahora mismo, cuando menos a nivel de Internet en su primera etapa, se está organizando un gran “Foro Ciudadano” para que participemos todos.

¿Adivinen quiénes iniciaron y han seguido manteniendo, contra viento y marea, la organización de este evento que se pretende multitudinario?...
¡No importa quiénes sean!

Lo dije antes. Importa el Foro, no los foristas. Aún así, ellos también son constantes surtidores de información; ellos igual han dedicado una mirada inteligente, lúcida y a contracorriente del discurso del poder. La diferencia, acaso, sea la facha y la marginación.

12 comentarios:

Gastón Alejandro dijo...

EL LEÓN ES COMO LO PINTAN

Gastón Alejandro Martínez

Vaya pues, mi buen amigo Roberto León está deseoso de combatir, quiere guerra y sangre, trae desde hace tiempo brío y hasta rabia, lo cual –aunque probablemente no le interese- me llena de gusto. Hacen falta voces así, hemos padecido tanta tibieza, tanta quietud, tanta zalamería para con el poder y para con nuestros pares, que la voz de Roberto refresca nuestras letras y también mete suficiente meneo en el mundo de las ideas en torno al tema de la Laguna del Carpintero. Y qué bueno que ahora le brinca las trancas al conservadurismo periodístico del puerto, escribiendo en estos espacios acaso más atractivos y en los cuales cualquiera puede entrar y expresarse libremente.

Dije lo que dije sobre mi oficio de publicista y sabía bien que le estaba dando carnita suficiente a todos los que quisieran darme de palos por eso. Roberto trae a cuento un posible dicho de Cortázar para darle al escritor vendido un elegante llegue, pero no se va de filo en ese punto, porque lo que le interesa son los otros desbarres de ‘gams’. Finalmente si uno le rasca, cualquier oficio podría ser indecoroso, hasta el de profesor… ¿para qué moverle a eso? Entre nosotros, sólo Armando Loredo puede pasar realmente como la única persona que dice o escribe lo que le de la gana sin poner en peligro el sustento o incluso su integridad física.

Que Roberto entiende la crítica como ‘mala crítica’ lo prueba el hecho de que mis puntos de vista favorables a la escritura y a la posición de Amparo Berúmen en torno al caso Laguna del Carpintero le parezcan desmesurados elogios y alabanzas. Si el lector quiere comprobarlo, sólo lea lo que escribí:

'Finalmente Amparo es una escritora de calidad y le sobran argumentos para defender sus ideas y posiciones en torno al caso Laguna del Carpintero, del que ha sido constante surtidor de información y al que ha dedicado siempre una mirada inteligente, lúcida y a contracorriente del discurso del poder.'

Y más adelante digo que su probable egocentrismo no la desacredita como empeñosa defensora del sistema lacustre. Tal vez la ‘mirada’ de Amparo no sea inteligente ni lúcida, pero así me lo parece a mí; tal vez tampoco esté a contracorriente con el discurso del poder, pero entonces le pido a Roberto que, si tiene tiempo y ganas, me diga por qué.

Movido por el resentimiento, la animadversión o el rencor social, uno puede –a mi manera de ver- hacer sin embargo certeros señalamientos. Es decir, uno puede tener razón aunque esté enojado, guarde viejos resentimientos o le caiga gorda la persona objeto de sus críticas. Los sentimientos reactivos no llevan necesariamente a la oscuridad de ideas, pero creo que no ayudan mucho a pensar con claridad. En el caso que nos ocupa, de existir en el espíritu de Roberto, tales sentimientos probablemente lo hayan llevado a centrar su crítica en el ego de Amparo y no en su papel como defensora o no de la laguna, que finalmente es lo importante: ¿Amparo es hipócrita? ¿Es consecuente con lo que escribe? ¿Sus escritos aportan algo al combate contra la depredación y la comercialización de ese ojo de agua y sus terrenos?

El espíritu de la sospecha, en cambio, bien que ayuda a no tragarse nada de antemano, a poner cualquier ‘verdad’ sobre la mesa de disecciones. Marx, Nietzsche, Freud… algo sabían de eso. No obstante, cuando saltamos de allí
a la paranoia, pues… estamos jodidos, podemos creer que un sencillo comentario es un siniestro anzuelo para hacer caer a incautos en falsas polémicas o un venenoso ‘amarre de navajas’. ¿Amarro navajas porque lo animo a que mencione a Amparo por su nombre o a que si sabe que la articulista no es congruente con lo que escribe lo diga con claridad? Roberto no supone o sospecha, afirma que mi escrito tiene esa intención, amarre de navajas ‘que el autor quiso hacer entre dos personas que si bien no piensan igual con respecto a ciertos temas o asuntos, no por eso deben, en consecuencia, ser enemigos’. Me imagino que aclara esto último para que yo lo entienda bien, porque parece que a sus ojos no sé distinguir entre una polémica y una guerra. ¿De dónde saca esa idea? A saber.

De la descarrilada diatriba que me deja caer para ponerme de plano como un racista, clasista y demás… lo increíble es que Roberto me cita y de lo que cita saca todas sus conclusiones. No tengo idea de qué habrá entendido. Por primera vez, que yo sepa, intenta una ‘crítica del discurso’ y no de la persona, pero encuentra en mi escrito lo que él tiene ganas de encontrar para –supongo- ahora sí, de una vez por todas, poner en su lugar a este tránsfuga de la clase obrera que se muestra sin pudor como el elitista que siempre ha sido, etc.

Dije en mi escrito que aunque Amparo escribiera desde la comodidad de su estudio, eso no desmerecía sus puntos de vista, y que no es garantía, en este caso de autenticidad, de veracidad o de honradez, el andar en fachas con un grupo de muchachos vestidos de negro. Muchos simuladores se cuelan en esos movimientos y la gente no suele ser lo que parece. Yo mismo casi siempre visto ‘en fachas’ (en el sentido coloquial de la frase) y mis hijos suelen vestir de negro, tengo amigos darketos, punketos y arrabaleros a más no poder, además de excelentes amigos homosexuales. Sé que el pañuelo oscuro y el pasamontañas en el rostro de los jóvenes de ‘La Otra’ es una forma de identidad de su movimiento y siento respeto por ellos. Roberto y yo, junto a muchos otros amigos, salimos en su momento a las calles de Tampico a defender la causa zapatista. Eso no me hace a mí zapatista, ni comunista, ni anarquista, ni siquiera un militante o simpatizante de la izquierda. Cada uno de nosotros actuó entonces movido por sus propios impulsos, que igual no tienen necesariamente que ser del todo claros. Coincidimos en que nos parecía justa su lucha, nos lo parece ahora y punto.

No sé si Roberto sea actualmente militante de izquierda, zapatista o activista de las causas justas… o sólo haga lo mismo que yo, escribir de vez en vez sobre temas que nos preocupan o nos conmueven. Haga lo que haga, seguramente lo hace con sinceridad. No veo por qué alguien pudiera exigirle que hiciera algo más de lo que hace. Pasó el tiempo de los comisarios de partido y del chantaje que hacía sentir culpables a los pobres militantes que llegaban tarde a una pinta o a un boteo, porque detenían el proceso de una revolución inexistente… o que cuando existió le dio por tragarse a sus propios hijos.

Los militantes de una causa tienden a razonar en términos absolutos. Así, si uno escribe un artículo que les parece favorable a esa causa coligen que están ante uno de ellos; si uno se sale un tanto de las opiniones que se supone debería tener, pasa a ser enemigo o cuando menos un tipo que no merece confianza. Ahora, el ‘racista’ y ‘clasista’ de Gastón ya es un detractor ‘dizque de dentro’, como insinúa, sin mencionar nombres, un texto que me envió Juan Jesús Aguilar y que aparece en esta página. Cuando un pensamiento así llega al poder gusta de pasar por las armas a todo el que disienta aunque sea un poco… y no deja títere con cabeza, eso lo sabe Roberto como lo sabemos todos los que nos tocó vivir buena parte del siglo XX.

Insisto en que reconocer nuestra condición de humanos demasiado humanos, dar una salida saludable a nuestro lado oscuro y dejar de vernos como ‘príncipes en esta vida’ (Pessoa dixit) sería un paso importante para elucidar quiénes somos y por qué actuamos como actuamos, cuánto tenemos de Bush y cuánto de Francisco de Asís, hasta dónde llega nuestra responsabilidad en el hecho de que el ser humano es lo que es. No otra cosa quise decir cuando afirmé que ‘todos depredamos’: los jóvenes fanáticos del Kmer Rojo que destruyeron obras de arte en Camboya y masacraron a miles de ‘burgueses’ y los soldados norteamericanos en cada patria ajena donde asientan sus botas. Cuidado, la historia nos enseña que los que luchan contra el orden establecido suelen llevar en sus entrañas el germen de otro poder aún peor que el anterior. Roberto no está de acuerdo conmigo en ese punto, pero no dice nada al respecto, sólo que, aunque tampoco es tan maniqueo, se desmarca de mí, pinta su raya, pues, con esa raza vendida, racista, sexista, clasista y discriminadora ‘del pueblo en lucha’… no se junta.

Diluirnos entre la masa anónima es mucho pedirle a dos espíritus egocéntricos como Roberto y yo, aunque él se empeñe en asumir la humildad como su condición. Sería mejor que los que se líen con nosotros o, en su caso, nos tomen como adversarios, sepan bien a bien con qué clase de arañas están tratando. Lo importante, creo yo, es que en el caso de la Laguna del Carpintero estamos de acuerdo en lo básico: impedir que los mercachifes que la quieren convertir en su negocio particular, pasando por encima de leyes, acuerdos, flora y fauna del lugar, y el interés público… se salgan con la suya. Lo que cada quien esté dispuesto a hacer en ese camino debería ser bienvenido, antes de hablar de detractores que sólo existen en la imaginación de un escritor excelente como Roberto León, demasiado ansioso de acabar conmigo como para darse el tiempo para una lectura atenta, que paliara un tanto su proclividad al berrinche y la vendetta.

En lo que le doy toda la razón es en su afirmación de que hay mucha gente anónima trabajando duro para enfrentar el embate de los intereses poderosos que se mueven en torno a la laguna, mientras nosotros discutimos aquí, tal vez estérilmente. Vamos al Foro, pues.

¿El discurso del poder se encuentra fraccionado o fracturado? ¡Excelente noticia! Felicidades a todos los que han contribuido a abrir ese boquete… ¡Duro con él!

Gastón Alejandro dijo...

Fe de erratas

En el segundo párrafo del texto 'El León es como lo pintan', donde dice: 'Entre nosotros, sólo Armando Loredo puede pasar realmente como la única persona que dice o escribe lo que le de la gana sin poner en peligro el sustento o incluso su integridad física.'... debe decir: 'Entre nosotros, sólo Armando Loredo puede pasar realmente como la única persona que dice o escribe lo que le da la gana sin poner en peligro el sustento, aunque sí su integridad física, sobre todo en las cantinas.'

Gracias

Gastón Alejandro Martínez

Gastón Alejandro dijo...

Para los lectores de La Otra Tamaulipas... va de nuevo El León.... modificado para su publicación, a manera de réplica, en la página cultural de El sol de Tampico, que deberá aparecer el próximo domingo.

EL LEÓN ES COMO LO PINTAN

Gastón Alejandro Martínez

Antes de iniciar mi respuesta al artículo ‘Desamparados’, de Roberto León, conviene poner al público lector en antecedentes, pues la polémica que nos ocupa inició en este espacio hace más de un mes y prosiguió en ‘La otra Tamaulipas’, la página de Internet del movimiento zapatista local. Todo comenzó con un artículo de Roberto en el que critica el ‘egocentrismo’ de Amparo Berúmen –sin mencionarla por su nombre-, quien en una de sus entregas dominicales habla sobre su aportación al movimiento en defensa de la laguna del Carpintero a lo largo de la administración municipal anterior. Una semana después publiqué el artículo ‘¿Y ahora qué?’, saludando la postura crítica de Roberto, pues me parece que en materia de intercambio de ideas estamos en pañales, a ello contribuye el nivel más bien modesto de nuestra ‘república de las letras’ y la actitud medrosa de los medios de comunicación, los cuales –salvo alguna excepción- se sienten muy a gusto con el chisme y la grilla chafa, pero le huyen como a la lepra a todo lo que huela a polémica. Saludé la enjundia crítica de Roberto e hice, a su vez, algunos señalamientos a sus puntos de vista.
La respuesta de Roberto a mi artículo apareció, como ya mencioné, en el blog de La otra Tamaulipas, hace casi tres semanas, lo que motivó otro artículo mío. El lector interesado puede leer ambos textos originales en esa página de Internet. Con algunas modificaciones y otro nombre, Roberto publicó finalmente el suyo aquí el domingo pasado. Resulta curioso que conociendo mi respuesta y con tanto tiempo para mejorar sus argumentos, el escritor tampiqueño sólo lo haya modificado para exacerbar sus ataques contra Berúmen, otra vez sin mencionarla por su nombre, y salpicar con su furia a algún personaje que hasta ahora no había entrado en la polémica, un tal ‘rey Arturo’, que me supongo podría ser el escritor Arturo Castillo Alva. A continuación reproduzco mi respuesta aparecida en el mencionado blog, con las modificaciones del caso.


Mi buen amigo Roberto León está deseoso de combatir, trae desde hace tiempo brío y hasta rabia, lo cual me llena de gusto. Hacen falta voces así, hemos padecido tanta tibieza, tanta quietud, tanta zalamería para con el poder y para con nuestros pares, que la voz de Roberto refresca nuestras letras y también mete suficiente meneo en el mundo de las ideas en torno al tema de la Laguna del Carpintero, sobre todo hoy en que no conforme con la serie de torpezas políticas y la criminal tala de manglar, cometidas por el gobierno municipal anterior, al nuevo se le ocurre que es buena idea encarcelar a un grupo de personas, muchas de ellas adolescentes, defensoras del sistema lacustre, con el argumento menos original que se les pudo ocurrir: portación de armas… debidamente sembradas en su campamento.
Vayamos pues al texto de Roberto. Que él entiende la crítica como ‘mala crítica’ lo prueba el hecho de que mis puntos de vista favorables a la escritura y a la posición de Amparo Berúmen en torno al caso Laguna del Carpintero le parezcan desmesurados elogios y alabanzas ‘a la señora’ (¿Cuál señora, Roberto? ¿Por qué no la mencionas por su nombre? ¿Por desprecio, por autocensura, por ganas de joder, por cobardía?). Si el lector quiere comprobarlo, sólo lea lo que escribí:

Finalmente Amparo es una escritora de calidad y le sobran argumentos para defender sus ideas y posiciones en torno al caso Laguna del Carpintero, del que ha sido constante surtidor de información y al que ha dedicado siempre una mirada inteligente, lúcida y a contracorriente del discurso del poder.

Y más adelante digo que su probable egocentrismo no la desacredita como empeñosa defensora del sistema lacustre. Tal vez la ‘mirada’ de Amparo no sea inteligente ni lúcida, pero así me lo parece a mí; tal vez tampoco esté a contracorriente con el discurso del poder, y en su artículo modificado Roberto acaso me dice por qué: Amparo es un ego intolerable, ‘esa gente’ ‘luego luego pasa factura’, cobra, pues, la cuenta de su ‘entrega a la causa’, ‘exige públicamente sus medallas, trienio a trienio’. Es decir, para Roberto todo lo que Amparo ha escrito sobre la laguna no tiene más acicate que seguir engordando su vanidad. Claro que él no escribiría jamás motivado por tan feos impulsos, por eso puede desollar viva a la articulista… él no es así.
Movido por el resentimiento, la animadversión o el rencor social, uno puede –creo yo- hacer sin embargo certeros señalamientos. Es decir, uno puede tener razón aunque esté enojado, guarde viejos resentimientos o no trague a la persona objeto de sus críticas. Los sentimientos reactivos no llevan necesariamente a la oscuridad de ideas, pero creo que no ayudan mucho a pensar con claridad. El espíritu cuasi budista de Roberto no soporta el egocentrismo de la gente y se resiente de él, por eso no le importa si Amparo aporta con sus escritos algo positivo a la causa de la laguna, para él es una vanidosa en busca del aplauso de ese dechado de modestas virtudes y anonimato perenne llamado ‘pueblo’… noble entidad incapaz de maldad o deshonestidad, cuyos verdaderos representantes hoy están en la cárcel porque ellos sí arriesgan el pellejo, no como los burguesitos, ‘esa gente’, que se envuelven en ‘banderas del entorno, cual un chal tibio y benévolo’.
Una cosa es el espíritu de la sospecha, que ayuda a no tragarse nada de antemano, a poner cualquier ‘verdad’ sobre la mesa de disecciones… y otra la paranoia, que nos puede llevar a creer que un simple comentario es un siniestro anzuelo para hacer caer a incautos en falsas polémicas o un venenoso ‘amarre de navajas’. ¿Amarro navajas porque animo a Roberto a que mencione a Amparo por su nombre? ¿Supone que si no lo hace ‘la señora’ no se va a dar por enterada? ¿Será que en realidad no se ha estado refiriendo a ella? Roberto no supone o sospecha, afirma que mi escrito tiene esa intención, amarre de navajas ‘que el autor quiso hacer entre dos personas que si bien no piensan igual con respecto a ciertos temas o asuntos, no por eso deben, en consecuencia, ser enemigos’. Me imagino que aclara esto último para que yo lo entienda bien, porque parece que a sus ojos no sé distinguir entre una polémica y una guerra. ¿De dónde saca esa idea? A saber.
De la descarrilada diatriba que me deja caer para ponerme de plano como un racista, clasista y demás… lo increíble es que Roberto me cita y de lo que cita saca todas sus conclusiones. No tengo idea de qué habrá entendido. Por primera vez, que yo sepa, intenta una ‘crítica del discurso’ y no de la persona, pero encuentra en mi escrito lo que él tiene ganas de encontrar para –supongo- ahora sí, de una vez por todas, poner en su lugar a este arrogante e insoportable tránsfuga de la clase obrera.
Dije en mi escrito que aunque Amparo escribiera desde la comodidad de su estudio, eso no desmerecía sus puntos de vista, y que no es garantía, en este caso de autenticidad, de veracidad o de honradez, el andar en fachas con un grupo de muchachos vestidos de negro. Ojo, ‘andar en fachas con un grupo de muchachos…’, no me refiero entonces a los muchachos ni a nadie en especial. Conozco desde la adolescencia a Víctor Zenón, por ejemplo, quien lleva toda una vida de congruencia con sus ideales, cuestionables como cualquiera otros, pero válidos sin duda, y que le han costado, cárcel, golpes y torturas. Digo simplemente que las fachas -‘proletas’ o ‘gurrilleras’- no son garantía de congruencia y honradez, como tampoco quien se viste con ropa de marca y usa perfumes caros es necesariamente ‘reaccionario’ o enemigo del proletariado.
Mi polémica es con Roberto León y es sólo eso, una polémica, una discusión (‘no es pleito, es gusto’ diría el Piporro), jamás critiqué en mi artículo a los muchachos zapatistas y de hacerlo en el futuro lo haré de frente y sin rodeos. Roberto y yo, junto a muchos otros amigos, salimos en su momento a las calles de Tampico a defender la causa zapatista. Eso no me hace a mí marquista, comunista, anarquista o militante o simpatizante de la izquierda. Cada uno de nosotros actuó entonces movido por sus propios impulsos, que igual no tienen necesariamente que ser del todo claros. Coincidimos en que nos parecía justa su lucha y hasta allí.
No sé si Roberto sea actualmente militante de izquierda o activista de las causas justas… o sólo hace lo mismo que yo, escribir de vez en vez sobre temas que nos preocupan o nos conmueven. Haga lo que haga, seguramente lo hace con sinceridad. No veo por qué alguien pudiera exigirle que hiciera algo más de lo que hace. Pasó el tiempo de los comisarios de partido y del chantaje que hacía sentir culpables a los pobres militantes que llegaban tarde a una pinta o a un boteo, porque detenían el proceso de una revolución inexistente… o que cuando existió le dio por tragarse a sus propios hijos.
Los militantes de una causa tienden a razonar en términos absolutos. Así, si uno escribe un artículo que les parece favorable a esa causa coligen que están ante uno de ellos; si uno se sale un tanto de las opiniones que se supone debería tener, pasa a ser enemigo o cuando menos un tipo que no merece confianza. Ahora, el ‘racista’ y ‘clasista’ de Gastón ya es un detractor ‘dizque de dentro’, como insinúa, sin mencionar nombres, un
texto que me envió Juan Jesús Aguilar y que aparece en la página de ‘La Otra Tamaulipas’. Cuando un pensamiento así llega al poder gusta de pasar por las armas a todo el que disienta aunque sea un poco, eso lo sabe Roberto como lo sabemos todos los que nos tocó vivir buena parte del siglo XX.
Insisto en que reconocer nuestra condición de humanos demasiado humanos, dar una salida saludable a nuestro lado oscuro y dejar de vernos como ‘príncipes en esta vida’ (Pessoa dixit) sería un paso importante para elucidar quiénes somos y por qué actuamos como actuamos, cuánto tenemos de Bush y cuánto de Francisco de Asís, hasta dónde llega nuestra responsabilidad en el hecho de que el ser humano es lo que es. No otra cosa quise decir cuando afirmé que ‘todos depredamos’: los jóvenes fanáticos del Kmer Rojo que destruyeron obras de arte en Camboya y masacraron a miles de ‘burgueses’ y los soldados norteamericanos en cada patria ajena donde asientan sus botas. También los que tiramos basura en la playa, usamos nuestros coches, contaminamos con humo de cigarrillos o hacemos cualquier otra chulada cotidiana que se nos venga a la mente. Cuidado, la historia nos enseña que los que luchan contra el orden establecido suelen llevar en sus entrañas el germen de otro poder aún peor que el anterior. Roberto no está de acuerdo conmigo en ese punto, pero no dice nada al respecto, sólo que, aunque tampoco es tan maniqueo, se desmarca de mí, pinta su raya, pues. Él no depreda ni contamina… y con esa raza vendida, racista, sexista, clasista y discriminadora ‘del pueblo en lucha’… no se junta.
Diluirnos entre la masa anónima es mucho pedirle a dos espíritus egocéntricos como Roberto y yo, aunque él se empeñe en asumir la humildad como su condición. Sería mejor que los que se líen con nosotros o, en su caso, nos tomen como adversarios, sepan bien a bien con qué clase de arañas están tratando. Lo importante, creo yo, es que en el caso de la Laguna del Carpintero estamos de acuerdo en lo básico: impedir que los mercachifes que la quieren convertir en su negocio particular, pasando por encima de leyes, acuerdos, flora y fauna del lugar, y el interés público… se salgan con la suya. Lo que cada quien esté dispuesto a hacer en ese camino debería ser bienvenido, antes de hablar de sacerdotes racistas que sólo existen en la imaginación de un escritor excelente como Roberto León, demasiado ansioso de acabar conmigo y de aventarle sus propias culpas y taras a los demás, como para tomarse su tiempo, leer con atención y paliar un tanto su proclividad al berrinche y la pataleta.
Hoy lo que importa es la libertad de las personas que aún continúan presas, impedir que se siga criminalizando la protesta social, llamar la atención de los organismos de derechos humanos nacionales y extranjeros… algo que obviamente ya hace la misma gente de La Otra Campaña a nivel nacional. En esto vale todo lo que cada quien esté dispuesto a hacer, escribiendo, en la calle, en los tribunales… sin tomarse demasiado a pecho los juicios moralinos de Roberto León, quien ve con malos ojos a los que escribimos y/o actuamos movidos por sentimientos innobles, tan lejanos a los de él… y casi me culpa, en irónicos comentarios entre paréntesis, de que los muchachos hayan estado tras las rejas y que Víctor Zenón y otro de sus compañeros continúen detenidos. Y bueno, ahí le van más ideas que ‘no tienen desperdicio’, para que cebe en ellas su brutal inteligencia, siempre modesta, claro está.

Gastón Alejandro dijo...

NO HAY DE OTRA

Gastón Alejandro Martínez

Va un comentario sobre el último petardo de Roberto León contra esos proscritos bombones retellenos de relleno reaccionario que somos la señora Berúmen, un servidor y no sé cuantos más… exponiéndome, claro, a que el reverendo salga con que no se refería a nosotros y ‘nos pusimos el saco’, etc. En fin.

En su homilía del último domingo, el padre Roberto hace todo un edulcorado rodeo para caernos rabiosamente a palos con el consabido petate del muerto del chantaje moral... ¿dónde estaban cuando los muchachos padecían su martirio? Sobre eso ya dije bastante en mi texto ‘El león es como lo pintan’, pero me gustaría reflexionar un poco más al respecto.

Como antecedente, en su artículo ‘Desamparados’ Roberto se me va al cuello porque según él lanzo un comentario clasista, racista, etc., contra los adolescentes zapatistas... y dice 'ya somos entonces el ‘parabién’ que juzga a los demás desde su podium! ¡Cuán fácil es entonces denostar a los otros desde nuestro púlpito!'. Pido al lector que por favor lea con atención el cierre flamígero de su última entrega, ‘¿Y dónde están los bombones?’, allí donde pone en boca de los muchachos encarcelados las terribles preguntas que inician con el '¿dónde están los bombones de esta causa?'…

¿No será él quien parece un sacerdote desde el púlpito, asestando culpas a los que no caímos presos, a los que no hacemos nada más allá de escribir, a los que no hicimos nada práctico para sacar a los muchachos del bote? Es una vieja historia con la que 'los buenos' espantaban a todos los que no estuvimos allí el día de la tragedia -sea cual fuere- y no recibimos los palos que bien nos merecíamos. Por ejemplo: '¿dónde estuviste el 2 de octubre, no decías que eras muy revolucionario?'. De esos reproches hubo cientos por parte de los que sí estuvieron y suponen que eso les da una aureola de divinidad militante. Es el mismo reproche que nos hizo mi querido amigo Víctor Zenón en su momento, recién salido de la cárcel a la que había caído en septiembre de 1973, a mí y a algunos amigos que no fuimos al mítin de aquella infausta noche. Durante años nos asestó su martirio de preso político cada vez que pudo, ignorando a su vez que todo ese tiempo en que estuvo preso aquellos adolescentes denostados por él arriesgaron su libertad y en una de esas hasta el pellejo luchando por 'la libertad de los presos políticos'. Era yo un preparatoriano entonces, tan idealista como los muchachos de La Otra... y había estado en cualquier cantidad de mítines desde 1972 -con el gordo Olguín, Sergio Montes y los 'Américos'... pero la noche de la represión y el arresto de Víctor y los otros no fui... porque me largué al cine con una chava a la que me andaba ligando. ¿Y si hubiera ido y me golpea la poli y por jugarle al héroe me apresan a mí también? Así que cuando Víctor nos salió con su rollo, obviamente lo mandé al carajo.

Los adolescentes comunistas de principios de los años 70 del siglo pasado nos parecíamos mucho a los actuales adolescentes zapatistas, pero tal vez teníamos más sentido del humor. Sabíamos –como seguramente lo saben ellos- las consecuencias de enfrentar al poder, sabíamos que podíamos ir a la cárcel o recibir un balazo o ser torturados, aunque la propia adolescencia no nos hiciera sopesar la realidad de todo ello. Estábamos imbuidos de heroísmo y no le temíamos a la cárcel o a la muerte. Afortunadamente sobrevivimos y agradezco a dios o a la suerte el no haber recibido un mal golpe o una bala perdida de las que a veces silbaban por encima de nuestras cabezas, en alguna descocada 'toma' de la universidad o locura parecida. Así era la cosa y si algo tenía de bueno la ética comunista de entonces era la de evitar el melodrama (aunque no todos lográbamos evitarlo). Andábamos en ese patín por nuestra propia voluntad y bajo nuestro propio riesgo.

Ahora Roberto hace un drama del encarcelamiento de los muchachos y nos señala con su dedote porque no estuvimos allí, porque no hacemos por la causa lo que él supone debiéramos hacer y, peor aún, porque somos unos farsantes. ¿Quién es aquí el cura intolerante? Curiosamente, nos relata -sin mencionarse- su insufrible periplo, su 'vagar de aquí para allá, del tribunal al juez, del juez a barandillas, de barandillas al reclusorio'... etc. 'pagando la fajina y protección, vaciándose los bolsillos'... pues ¿en qué quedamos? ¿no acaso detesta Roberto el protagonismo y ama el anonimato? Y luego nos relata lacrimosamente La Pasión, Muerte y Resurrección de los críos zapatistas... como si se tratara de prisioneros de guerra en Kosovo o Afganisatán. Melodrama puro, pues... para matarnos de remordimiento por nuestras culpas... cuando en realidad me mata de aburrimiento. Su furia contra el 'bombón' berumesco es patética, le hace ver bombones como clasistas símbolos de la 'existencia más banal y parasitaria'. con ello demuestra que, en efecto, el resentimiento que huelo en sus escritos existe y lo hace caer en el ridículo. Con tal de seguir de frente con su furia revolucionaria, ya no parece importarle que su inteligencia y capacidad argumentativa salgan bastante raspadas de su aventura bombonesca… y termine como un simple y llano 'Odia-ricos', como nos espetaba hace 30 años el viejo Yapur… con algo de razón.

Basta de bromas, el escritor que no escribe y publica lo que dice de sus adversarios en privado... ése sí es un farsante; el que abusa de la amistad para que su cuate de la página cultural siga sacando su insulso golpeteo contra ellos, sin dar oportunidad de réplica, ese sí abusa del poder que el espacio periodístico le da (debería ser el primero en presionar para que quien debate con él se exprese en sus mismos espacios); el que termina exponiendo a su amigo como su alcahuete... es sí exhibe una terrible cobardía. ¿Con qué cara volverán ambos a mencionar algo relacionado con la pluralidad, la libertad de expresión y demás yerbas? Incluso aunque saliera mi artículo ‘El león es como lo pintan’ en la página cultural de El sol de Tampico un domingo de éstos... ya se pasó, no viene al caso. Roberto no escribe para todo aquel que quiera acercarse a la página y a sus escritos, escribe para sus cuates, para demostrarles a todos ellos lo picudo que es golpeando a alguien mientras éste permanece amarrado, tal vez igual como los polis que maltrataron a los muchachos presos.

Acaso yo también escribo para exhibir mi prosa poca-madre, para que me admiren, para ejercitar mi estilo en esta 'pequeña y más bien ridícula guerra de los bombones aquí en Tampico'...* que libro de manera desigual con un fajador literario al que no quisiera yo tachar de pequeño ni de ridículo, porque no suele serlo... pero cuando menos no ando por ahí de hipocritón, mostrando sólo mi lado amable y 'bueno'.

*Ahora entiendo por qué a Roberto le molesta polemizar, lo que le viene bien es monologar impunemente en su solar periodístico.

Leslie Dolejal dijo...

Bien, para Roberto y para Gastòn: ¿Què el tema sustancial de todo esto no es usar este espacio incluso para denunciar el agandalle de los terrenos de la Laguna del Carpintero? ¿A dònde pues iremos con ustedes, palabreros, que prefieren una discusiòn a escribir sobre el tema que nos interesa conocido? Injustos, prefieren sus dimes y diretes a la imperante necesidad de informarnos sobre este asunto. Esta manera de protagonismo no solo me parece rancia, sino que logra permear los espacios que debieran estar dedicados a asuntos que no son personales. Este tipo de actividad tiene un solo sentido: olvidar lo que debemos hacer en aras de una pòlèmica infructuosa. Y en todo caso, como dirìa el populi: ¿para què solucionar con palabras lo que se puede solucionar con unos buenos madrazos? Hàganlo, pero liberen este espacio de sus pasiones, no se manchen.

Leslie Dolejal dijo...

Actualidad. Zapatismo. Y Talabarterismo. Cuando el oficio es malo. No deja màs remedio que enrolarse. Demos loas a todos los poetas buròcratas del mundo. Y a los detentados.

Leslie Dolejal dijo...

Por cierto, un saludo para Roberto y al Gas lo espero acayucan para el dìa 29. La otra Tamaulipas nunca existiò. La inventaron. La tuvieron que inventar temores y una conciencia de clase. ¿Què todo esto no es claro? La otra Tamaulipas es una invenciòn borgiana en el culo del mundo. Un soporìfero y apestoso pedo que no acaba de exhalar. Donde existen todos y ninguno. Y donde los que debieran estar unidos, haciendo labor en conjunto, viven irrisoriamente divididos. La nueva Tamaulipas es Londres, Moscù, Praga, Buenos Aires, Santiago, la encuentro en todos lados bajando del camiòn y externando los mismos criterios con los mismos argumentos. Es una puta que cobra caro el placer de una visita. Una puta de 14 años en Torrelagunas, hermosa y de 25 euros, dispuesta a ser abordada por el culo en pleno centro de Madrid. Una pobreza extrema de alucinaciones personales. Un paràsito social. La nueva Tamaulipas se masturba miràndose al espejo por las noches. En sus flujos observa que esto ha sido el mundo, y al dormir parace que queda asqueada. A la mañana siguiente sale, vuelve a lo mismo, dice que la culpa la tiene el mundo, pero el mundo continùa afuera hermoso, con un sol que vivifica. La nueva Tamaulipas se viste de puto para asistir al carnaval. La he visto y la he bebido en interminables horas de clase en una cafeterìa. Junto al poeta Armando Loredo Avilès y el incansable lector que es Ignacio Lazcano. La he bebido con Paul Dresman y Jesùs Sepùlveda hablando interminable. La he evacuado, eyaculado, orinado. Le he escupido en la cara con odio para despuès buscarla con ternura. En esta nueva Tamaulipas mundial. La oh gran y hermosa nueva Tamaulipas, la novedad es lo que ya dijo alguna vez Gloria Gòmez para el mundo: es feo ser pobre, pero es peor ser pobre con uno mismo. Bienvenidos al desastre. Me cago en Dios, dije. Y que me cago. Luego me cayò un gran tambo de mierda de 200 litros. Era el mundo que me buscaba. Tratè de escaparme por la puerta pero fue en vano. Tocaba La nueva Tamaulipas. Otra vez. Con su insistencia conocida. Sus rencores familiares. Y una constante divisiòn que no cesaba de ignorame. Me cago en Dios. Le dije. Y que me caga.

gastón alejandro martínez dijo...

SE ACEPTA EL REGAÑO... PERO...

Bien por Leslie y sus comentarios. Hay tema, pues. Sólo le recuerdo que la polémica que nos ocupa no es ajena al asunto de la laguna y que la tarea del escritor no sólo es la de informar, cuando menos no estoy de reportero en este problema particular que trae, sin embargo, muchos asuntos que a su manera tienen importancia. Algunos de ellos: la posibilidad de polemizar públicamente, saltando las trancas del chisme de café y presionando a los medios para que se abran a algo más que las grillas politiqueras; ejercitar la vieja y sana costumbre de la polémica en torno a asuntos públicos que, por supuesto, se dirimen desde visiones personales, y no necesariamente al revés, como lo quiere ver el viejo Leslie: problemas personales que toman como pretexto asuntos de interés público... situación que, de ocurrir, es también un testimonio de lo que pasa al interior de la cultura literaria local, que no tiene por qué coños estar unida; esto también toca el problema de la censura en los medios ante cualquier clase de polémica, sobre todo la que incluye nombres propios y asuntos donde están metidos intereses económicos y de poder. En realidad me extraña que Leslie lea con signo negativo la polémica escrita sobre el tema que sea. No creo que traiga en mente el viejo argumento de que discusiones de este tipo confunden 'al pueblo' o 'no aportan nada a la causa'... y que lo importante es 'actuar'... o que mostrar puntos de vista contrarios de parte de personas que se supone están de acuerdo en lo básico 'le da armas al enemigo'. De esa superchería ya tuve suficiente en mi juventud, y por mi parte polemizo porque me viene en gana sobre asuntos que me importan. Si Leslie o a cualquier otro digiere mal la polémica, pues allá ellos. Preocupa también que nos llame a Roberto y a mí a liarnos a golpes en lugar de discutir públicamente. Otra vez hay aquí alguien confundiendo un intercambio de ideas con un pleito callejero.
Por lo demás, de todo este asunto han salido situaciones que sí son motivo de alarma: que el o los responsables de una página reputada como 'cultural' (la de El Sol de Tampico) den entrada a unos y excluyan a otros, como ocurre actualmente. La polémica cultural tiene muchas aristas, y el lector inteligente harto provecho puede sacar de ellas. Less mismo demuestra con su última reflexión en torno a la otra tamaulipas -muy chida, por cierto- que un tema lleva a otro... y a otro. Somos escritores, mi estimado Dolejal... qué le vamos a hacer.

Saludos, Less... y bienvenidos tus coscorrones.

Un abrazo

Gastón

Anónimo dijo...

No hablamos de un mundo extraño, donde lo que vive es una imperante necesidad de ser o de justificar la existencia, si bien el asunto de exponer y de exponerse a hablar de asuntos personales puede dar un sìgno de agilidad mental y de existencia, lo que me parece necesario, como un orden, no es alimentar las diferencias, sino dirimirlas.

Leslie dolejal dijo...

Hablo, pero hablar a veces es como decir nada, no hay vìnculo que nos entere del otro, y en ese sentido hay una forma cultural de la existencia: pasamos por elucubraciones. La gran leche materna del otro nos inaugura siendo otro hasta que uno sale y dice, oye, estoy aquì, me estàs jodiendo, basta, basta. Si bien no somos màs que esto. El anònimo soy yo. Siempre lo he sido.
Un saludo a mis amigos del puerto. Lejos todo es una vìspera distinta que intenta acomodar fechas de regreso. Reuniones y abrazos de familia. Si todo lo demàs me es ordinario serà porque creo poco y en lo que creo ni siquiera me es indispensable. En fin. La araña mastica unos renglones. Bebo porque es lo ùnico sagrado que me queda. Platico. Pero a veces hablar es como si no pasara nada.

Leslie dolejal dijo...

si el trasfondo es buscar trasfondo el asunto es que no hay fondo. ufs.

Anónimo dijo...

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-pierloopS